31 julho, 2006

Si tu corazon es recto...

Por: Juan Damián
Hay un sermon de Juan Wesley que pinta de cuerpo entero su genio fundador y que manifiesta con deslumbrante claridad la identidad inconfundible del metodismo. Vamos despacio...
Parte del texto de 2 Reyes 10, 15:
"Jehu pregunta a Jonadab ¿es tu corazón recto, como el mio es recto con el tuyo?
Y este le contesta: lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano"
Acercarse. Preguntar. Escuchar. Dialogar. Confiar. Creer en el otro. Dar la mano como lazo de respeto y vínculo fraternal.
Cada uno y todos estos verbos parecen hoy en vía de extinción.
Vivimos en una sociedad en la que conjugamos: alejar, separarse, imponer. Cerrarse. Manipular. Desconfiar.
El diferente nos da miedo. Parece un rival en potencia. Y la lógica de nuestra defensa es discriminar. Si no piensa igual que yo, si tiene otra posición, opinión, actitudes, habrá que anularlo. Y al diferente se anula con la violencia de exigirle que piense y actue como yo, o descartarlo a un costado, a un rincón.
Wesley se ha encontrado con un Cristo a quien ve al lado suyo. Tiene la cara de projimo y a veces se presenta como extraño, ajeno, diferente a su modo propio de pensar y de ser.
Sin embargo dice... "Ninguna criatura tiene poder alguno para constreñir a otros a andar segun sus propias normas. Dios no ha otorgado derecho alguno a ninguno de los humanos, a enseñorearse así de la conciencia de sus hermanos, sino que cada uno debe juzgar por sí mismo, pues cada uno dará a Dios cuenta de sí".

Respeto: el primer paso
Aprendió Wesley del Evangelio que el respeto es el primer nombre y paso del amor. Respeto no es tolerar y soportar diferencias como carga. Respeto es dejar que el otro y la otra, distintos/as puedan y deban ser como ellos lo quieren y lo son. Y no está lejos, ni me ataca, ni agrede, ni amenaza mi estilo de ser.
Tampoco está dentro de la frontera o el eje del mal. Está cerca. Sólo falta un pacto de confianza. En él/ella y en mí un corazón recto.
"No te pregunto si admites el Bautismo y la Cena del Señor. Dejemos estas cosas en lista de espera; hablaremos sobre ellas, si hace falta, cuando tengamos oportunidad. En este momento mi única pregunta es: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo?"
Un corazón recto es la única condición para una convivencia plural. Pero la reciprocidad en la rectitud es definitiva para estrechar la mano y andar juntos/as.
La conversión evangélica y cristiana madura en la medida en lo que los demás no son espejo de mi persona, y yo dejo de ser el único molde (modelo) de ser humano al que otros y otras se han de adaptar y acomodar.
La globalización, el marketing, el consumo, la publicidad, las promociones, el mercado, en fin... nos van estrechando hacia un modo de pensar, de ser, de valorar, de vivir único y exclusivo. Ser distinto es quedar afuera, no valer, en fin, no ser. Es asfixiante. Y puede ser trágico.

Contracorriente
Wesley nos insta a estar contra corriente. Poder ser uno mismo, como persona, cultura, idiosincracia... "No quiero decir: se de mi misma opinión. No es necesario. No lo espero ni lo deseo. Tampoco yo seré de tu misma opinión. No puedo... No necesitas pasarte a mi posición, ni llevarme a mí a la tuya... Que todas las opiniones se queden como son. Solamente: dame la mano".
Esto nos hace pensar también, que hay modos de evangelizar que no son evangélicos.
Párrafo glorioso, inefable, el de Wesley, para extirpar todo rastro de manipulación. Otros y otras no están en mi mano, a mi merced. Y no puedo usarlos a mi antojo con mentiras y engaños que corrompen.
"Dame la mano" se torna en la frase una nueva y original relación. Se la damos a Cristo. Nos la da Cristo. Estamos, entonces, en el Reino.
"... y mientras uno está unido por los lazos más tiernos y próximos a una congregación particular, su corazón se ensancha hacia toda la humanidad... El que tiene esto pertenece al espíritu católico, es un espíritu católico".
Y volvemos al comienzo. Nada más lejos del espíritu metodista que el procelitismo barato, la domesticación deshumanizante, el autoritarismo destructor y el fanatismo dogmático e inflexible.
Esto no es lujo ni estilo refinado. Es sacar consecuencias del Evangelio, es pretender ser discípulo del Maestro, es aceptar los valores del Reino. Es reconocer que hay un solo absoluto y es el amor.
Juan Damián
Coordinador ELADE - CIEMAL